Si alguien rodara una película en Albarracín, seguramente se remontaría a la Edad Media.
Monumento Nacional desde 1961, (también está propuesta para ser nombrada Patrimonio de la Humanidad) Albarracín se encuentra rodeada por el río Guadalaviar, cerca de la Sierra de Albarracín, los Montes Universales y el Paisaje Protegido de los Pinares de Rodeno.
Fue capital del taifato independiente de los Ibn Ben Razín. Después fue cedida por pacto a las familias de Azagra y Lara, quienes la mantuvieron como señorío independiente. En 1285 Pedro III la conquistó. Finalmente pasó a la Corona de Aragón en 1300.
El pueblo se encuentra protegido por la murallas (constridas durante el taifato), sus calles, estrechas y adoquinadas, siguen un trazado medieval. Su singularidad también reside en sus modestas edificaciones de caliza, los balcones de madera, las rejerías de forja, las tejas árabes o los tapiales de yeso rojizo.
En la catedral de San Salvador (siglo XIII), se guardan el retablo mayor, de Cosme Damián Blas, y el de San Pedro. Además del Museo Diocesano, con una buena colección de tapices.
En Albarracín cuentan la leyenda de Doña Blanca (la torre del mismo nombre se encuentra en el extremo meridional de la ciudad): en todo plenilunio estival, cuando los peñascos próximos recogen el eco de la campana que suena a medianoche, las gentes de Albarracín ven salir de la Torre de Doña Blanca una sombra clara, como de rayo de luna, con figura de mujer, la cual se desliza por los escarpes de la roca hasta llegar a los huertos y el río, en cuyos cristales se baña y desaparece hasta otra noche de plenilunio.
Albarracín sería el lugar perfecto para narrar una historia de magia, amor y desamor, en plena Edad Media, con reyes y reinas que habitan en palacios y torres llenas de misterio.

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